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Curarse gracias a las frutas (Dieta 80/10/10 – Mi experiencia)

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Curarse gracias a las frutas (Dieta 80/10/10 – Mi experiencia)

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¿INSTINTO FRUGIVORO? 

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Muchísimas veces me habían recomendado leer el libro de Douglas Graham “La dieta 80 10 10”, debido a mis tantos problemas de salud, que si bien gracias a cambios de alimentación y hábitos había logrado reducirlos considerablemente (sobre todo mi depresión, fobia, ataques de pánico, artritis, fibromialgia, candidiasis, etc), aún parecían ser a prueba de todo tipo de tratamiento y/o medicación, sobre todo los más relacionados con problemas de azúcar en sangre como candidiasis o riesgos de diabetes. Pero con tan solo leer el título: “LA DIETA 80 10 10”, no podía evitar sentir cierto rechazo. Pues, por filosofía de vida personal o intuición, y malas experiencias pasadas, no estaba de acuerdo en que se deba realizar una “dieta” para lograr un equilibrio saludable, sino más bien optar por hábitos o estilos alimenticios, pero evitando caer en dogmatismos. Y si de hábitos o estilos alimenticios hablamos, yo particularmente creo haber atravesado casi todos los mares, dejándome llevar por cada “corriente” culinaria que pudiera tal vez desembocar a orillas de la tan ansiada “Tierra de la esperanza” capaz de ofrecerme suelo firme en donde poder pisar con confianza sujeto a alguna chance de poder lograr algún día el equilibrio en mis pasos hacia la recuperación y mantención en pie de mi propia salud. No obstante, luego de largos años naufragando en estos misteriosos y bravos océanos de las patologías crónicas, sin poder siquiera avistar en ningún horizonte terapéutico o alimenticio isla segura curativa alguna donde desembarcar, me encontré finalmente con la corriente del crudiveganismo (todo crudo y nada de origen animal).
Si bien aún luego de 2 meses de seguir esta línea cruda, y sin incluir demasaida fruta sino más bien semillas, frutos secos, aguacate (palta), deshidratados,  y mucho verde; mi condición de salud todavía no era buena en sentido general y había bajado terriblemente de peso y me sentía con muy poca energía, ésta era hasta el momento la elección alimenticia que había logrado en mí, la reducción más notable del cuadro general de mis padecimientos crónicos.

Sin embargo aún así…
… todavía…
… algo en el crudiveganismo seguía sin convencerme…

Yo tenía la creencia, o la intuición, de que para llegar a la curación o recuperación del equilibrio, se debería, ayunar como hacen los animales, o bien volver a la fuente, es decir, vivir de la manera más fisiológica posible, de modo que permita al organismo la posibilidad de funcionar en su estado óptimo maximizando su poder de auto-curación natural, sin dejar de nutrirse, y pudiendo también seguir con las obligaciones diarias. Y de cierta manera, a pesar de llevar este tipo de alimentación en donde todo es 100% crudo y vegetal, intuía aún que no era del todo fisiológica. Intuía que a pesar de incluir frutas, no eran ni los vegetales, ni frutos secos, ni semillas, ni brotes, ni las algas, ni mucho menos un pan de linaza deshidratado, sino más bien, las mismas FRUTAS la fuente principal o alimento fisiológico por excelencia para el ser humano, por ende paradójicamente, el tan cuestionado azúcar, el principal combustible con el cual funcionamos, mientras tengamos esta consciencia de buscarlo en los alimentos físicos, ya que tal vez el principal combustible sea el que éstos almacenan, la energía del sol, o también nos nutra el aire (pues más de algunos minutos sin él no podemos vivir).

Es que pensaba y volvía a pensar, y no podía entender como un alimento tan perfecto como la fruta, tan accesible, tan fácil de comer y digerir, tan abundante en la naturaleza, tan sabroso, tan aromático, tan colorido, con tanta variedad, y tan rico en nutrientes, deba ser tan controlado por ser MALO para la salud al comerlo en abundancia.

¿Cómo era posible que algo que nos da la naturaleza en abundancia, tan rico y tentador en su estado natural, sea algo malo al comerlo en cantidad? ¿Por qué debíamos limitarnos tanto en su consumo?

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Simplemente no comprendía como algo tan natural y sabroso pudiera ser una de las causas de diabetes, candidiasis, hígado graso y tantas otras patologías adjudicadas a azúcares, entre los cuales se encuentra la fructosa (azúcar principal de las frutas)

¿Sería acaso que los problemas de azúcar en sangre, no eran en realidad por culpa del azúcar?

Gracias a estas preguntas internas, reforzadas desde el sentido común, pero sobre todo por DESERPERACIÓN por mi estado “crónico” de salud general (que a pesar de algunas sí, grandes mejorías, parecía aún ser a prueba de todo tipo de tratamiento, medicación, experimentación, y elección alimenticia) me propuse entonces, (y aun sin conocer todavía de que trataba la dieta 80 10 10) hacer lo que yo intuía que haría cualquier humano en su estado y entorno más puro y natural en caso de no disponer de una industria alimenticia: Comer más de lo que fuese más fácil de recolectar y de ingerir, más abundante en el entorno, más rico y más saciante; y también de todo lo otro que naturalmente aunque en menor cantidad ofrezca la misma madre tierra, pero deduciendo previamente por sentido común si fuese o no alimento para el humano en su estado natural, y a su vez todo esto, escuchando lo que me pidiera mi propio organismo, teniendo en cuenta por supuesto los posibles condicionamientos por no tener un cuerpo del todo sano y estar alejado del apetito instintivo, y teniendo en cuenta las condiciones y exigencias propias inevitables del estilo de vida moderno, tan empecinado en alejarse del hipotético fisiológico.

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Así fue que por toda esta deducción, pero más que nada por pura intuición, y ya totalmente resignado decidí entonces… COMER FRUTAS Y FRUTAS… Y ¡MÁS FRUTAS! Simplemente la cantidad que quisiera hasta estar satisfecho, como decimos los Argentinos: meta fruta y fruta “morfando” todo el día…

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Tal vez prefería morirme de diabetes o candidiasis, pero ¡feliz!… o bien, no con felicidad real o plena quizás, pero sí, en el intento de poder lograr al menos de alguna manera volver a sentirme vivo una vez más antes que termine la vida que estando con vida no podía vivir.

A pesar de esto, mi caprichoso instinto de precavido, me motivó a consultarle al doctor… ¡Google! (pues ya no me quedaban más doctores por los cuales guiarme) si existía quienes hubiesen ya experimentado una dieta ALTA EN FRUTAS sin morir en el intento!

Y así fue como buscando información al respecto en internet, me topé con la dieta 80 10 10. La mismísima a la cual venía esquivando desde hacía un tiempo.

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Si bien (como era de esperarse) en principio me encontré con mucha controversia acerca de consumir frutas en abundancia, los fundamentos en contra no llegaban a convencerme, aún, encontrando casos de personas quienes habían tenido consecuencias aparentemente muy difíciles o graves, pues, estos parecían ser más a causa de crisis de desintoxicación por el poder regenerativo de las frutas (o del organismo mismo mejor dicho, gracias a una alimentación frutal), y no por culpa de la misma fruta. Es por ello que, confiando en mi intuición y en los otros tantísimos casos de éxito en este estilo, decidí darle una oportunidad a la dieta 80 10 10.

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ECLIPSE FRUTAL

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Pocas páginas del libro bastaron para que todos los planetas finalmente se empezaran a alinear. Al ir leyendo el libro, no solo entendí el por qué de los números 80 10 10, entendí que, o mejor dicho intuí fuertemente por qué el azúcar EFECTIVAMENTE era el principal de los macronutrientes para obtener nuestro combustible, comprendí el por qué del eterno deseo innato natural en el hombre por lo dulce, entendí por qué fuimos diseñados o evolucionados con esta anatomía y sistema digestivo, supe prácticamente quienes somos en nuestro estado más puro en armonía con la naturaleza y los demás seres vivos, en otras palabras, me sentí total, plena, y “naturalmente” identificado como ser humano en cada paso de la lectura.

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RESULTADOS:

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TAN SOLO 3 semanas de seguir esta alimentación, fue lo que tardé en recuperar TODA ESPERANZA de salir finalmente adelante, y esa impagable y olvidada sensación que había perdido años atrás y que todavía no conseguía lograr del todo: ¡sentirme vivo!
No solo recuperé muchísimo mi energía en poco tiempo, y resolví finalmente mis desniveles de azúcar en sangre, sino que también la mayoría de los síntomas de candidiasis derivados (picazones, llagas bucales, debilidad, artritis, mareos, malas digestiones, etc.) que habían persistido en mayor o menor medida ante todo tipo de tratamientos y dietas durante años, habían prácticamente desaparecido.

Mis cambios de humor ya no existían, me mantenía con ánimo durante todo el día, y hasta notaba una extraña sensación de “alegría sin razón” similar a cuando uno es niño.

Además, yo había pasado muchas transiciones a lo largo de los últimos años. De omnívoro a vegetariano (siguiendo bastante las reglas del higienismo), de vegetariano a vegano, o “vegetariano estricto” (pasando por ayurveda, macrobiótica, entre otras), de vegetariano estricto a crudivegano (o “crudivegetariano estricto”), y en NINGUNA de estas formas de alimentación había podido eliminar del todo mis deseos incontrolables por azúcares refinados, harinas, bollería, pastas, a pesar de no consumirlos ya desde hacía mucho tiempo, más que en eventuales compromisos sociales. Esa sensación de adicción seguía latente cada vez que pasaba por la puerta de alguna pastelería, donde lo dulce me recordaba el amargo sabor de la vida en abstinencia.

La forma de alimentación 80 10 10, fue la única con la cual pude vencer esta ADICCIÓN a harinas y azúcares refinados. Es hasta el día de hoy, ya desde finales del 2012 de seguir esta línea, que no volví a tener nuevamente deseos por toda esa bollería, pasteles, tortas, harinas, o refinados.

Pero ésta no es la mejor parte, lo mejor es que con el correr del tiempo luego de varios meses o casi un año, no sólo dejé de evidenciar síntomas de caidas esporádicas energéticas o todo sintoma (que si bien no era relevante en un contexto de tanto bienestar, permanecia aún, como algo de hinchazon en la panza, tal vez algún poquito de visión borrosa con algunos atracones de fruta, antojos que aparecían por comidas cocidas y no de las más saludables, etc etc) ni sólo tampoco el hecho de mantenerme hasta el día de hoy sin UN SOLO resfrío, fiebre, y con la mejor estabilidad emocional y paz interna que jamás tuve, ni tampoco siquiera el hecho de haberme vuelto aún más frugal todavía, es decir, comer casi la mitad de lo que comía al principio sin perder energía; sino que también empecé a vivenciar más intensamente sensaciones, tal vez de índole “espiritual”, que muchas de ellas aún no se explicar, pero muchas otras iré compartiéndolas aquí en estos medios, por escrito o en mi canal de youtube. Pues realmente la conexión con uno mismo, te lleva a sensaciones de conexión con el entorno, la naturaleza, y los demás, a un nivel en donde la palabra más importante de la vida pasa a ser simplemente: “GRACIAS”.

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FRUTAS, UN G.P.S. FISIOLÓGICO

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Por todo esto, no puedo decir otra cosa, simplemente las frutas me devolvieron la sensación real de estar vivo y me dieron la base para poder terminar de orientarme en el camino hacia la salud de manera efectiva y satisfactoria. Y pensar que tantas veces había esquivado la idea de leer este libro de Graham, simplemente por pensar que era “una dieta” y no, una forma de alimentación sin reglas o restricciones más que unas muy bien orientadas a las supuestas naturales que tendríamos por instinto y sentido común, por ende, tal vez la alimentación más cercana a la fisiológica del ser humano (la cual supuetamente tendría pocas diferencias con ésta propuesta). Aun, a pesar de que al principio, como tal, al estar tan alejados de lo natural o fisiológico, tal vez demande realizar ciertos “ajustes”, para luego adaptarla a las necesidades “anti-naturales” del hombre en su estresante estilo de vida moderno anti-fisiológico para evitar carencias nutricionales o consecuencias adversas, por más potencialidad garantizada o no que a corto o largo plazo que ésta dieta pudiera poseer para lograr conjugar el verbo “alimentar” en “futuro perfecto” … para la salud del hombre, el medio ambiente, y el respeto hacia las demás criaturas que habitan el mismo planeta.

No existe alimento más ETICO que la fruta, por no decir que es EL UNICO ALIMENTO 100% ETICO (que no implica quitarle la vida a ningún ser), o lo será, cuando logremos fomentar más la permacultura autosustentable.

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Pues, esto de realizar “ajustes”, es algo que por experiencia y sentido común, recomiendo tenerlo muy en cuenta a la hora de tomar una decisión como tal, si el contexto de vida (familiar social, laboral, psico-emocional, climático, etc) no se puede ajustar a la dieta, como a así también y más aún, recomiendo una transición progresiva previa a esta dieta si se viene de una extremadamente insalubre, más que nada en casos comprometidos de salud, simplemente para evitar crisis de desintoxicaciones demasiado bruscas y no caer, como siempre digo, en deducciones erróneas acerca del estilo 80 10 10 o frugivorísmo en cualquiera de sus formas, creyendo que no es efectivo o que las frutas no son un alimento para algunos o para el humano (por evolución o lo que fuese) y así abandonar o rechazar esta maravillosa elección alimenticia perdiéndonos de experimentar los asombrosos resultados y beneficios a los que es capaz de conducirnos cuando finalmente logramos llevarla, sin miedos y dogmatismos, no solo como una forma de alimentación, sino, como un estilo de vida.

Pues, aquí justamente hay algo clave. Si algo hoy en día debo reconocer y recalcar, es que si bien este tipo de alimentación fue el factor principal que me llevó a terminar de encarrilar u orientar el rumbo de una manera más precisa hacia la recuperación de  la salud que nos merecemos por naturaleza, por ser ésta simplemente el estado natural de ser, aún así, considero que no puedo darle a ella todo el mérito, sino también a 2 principales factores…

1. El factor “SEGURIDAD – FE- CONFIANZA”:

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Este es un hecho que me parece de lo más importante, no solo clave para haber realizado el cambio con éxito, sino también clave para haber llegado hasta aquí luego de 3 años en esta linea de manera sostenible, estable, sin síntoma alguno. Me refiero al hecho de haberme “entregado” TOTALMENTE, haber encarado este camino totalmente libre de inseguridad, incertidumbre, y sobre todo MIEDO, pues había estado tan mal y padecido tanto que ya no tenía nada que perder, ni nada me asustaba de lo que pudiera pasar (y lo que pasó!, pues sí que pasé fuertes crisis depurativas!), pues éste mismo creo que es el factor principal por el cual la mayoría cae al intentar este estilo de vida (y este funciona y afecta también a nivel subconsciente).


La mayoría ante los primeros síntomas de desintoxicación más o menos fuertes (o repetición de éstos), entra en dudas, inseguridades,  y/o miedos.

Y muchas veces estas mismas emociones son las que provocan otros síntomas, que no serían propios de la dieta o crisis depurativas en sí, sino producto de la química adrenal por el propio mecanismo del sistema nervioso simpático puesto en marcha como recurso biológico de “pelear o escapar” ante un supuesto “peligro”, o bien, éste mismo mecanismo hace que interpretemos de manera diferente dichos sintomas de desintoxicación (cuando tememos, vemos todo mucho más grave de lo que realmente es), los que a su vez por una más baja efectividad metabólica, se ven potenciados, pero no por ello, peligrosos a nivel que comprometa realmente la vida o la salud como muchos creen, aunque si se sostuviera esto por tiempo ya sí podríamos hablar de estar comprometiendo de forma muy relevante la integridad del organismo, pues este mismo estrés sostenido se volvería un factor realmente y relevantemente enervante. La cuestión es que no muchos son capaces de interpretar estas crisis y relajarse, y seguir confiando en lo que están haciendo. Pero tampoco es algo fácil, y no tiene nada de malo ir más lento en el camino si así hiciera falta. Si se va a estar inseguro y con miedo al hacer esta dieta, yo no la recomiendo para nada. Será preferible hacer una transición depurativa más progresiva, pues tampoco podemos afirmar desde este lado, que dichas crisis fuertes depurativas no traigan consecuencias, por más que haya un respaldo de 200 años de investigación y experimentación en más de 50.000 casos de parte del higienismo. Por eso siempre digo: no le creas a nadie, mas que a tu propia intuición.

Pero claro que ésta intuición es un tanto más dificil de seguir cuando los miedos ya no corresponden a los síntomas depurativos, sino a analíticas médicas, donde los valores a veces salen más bajos (la mayoría de los crudiveganos o frutarianos abandonan este estilo por ésta razón). Pero muchas veces salen más bajos por los mismos procesos depurativos, donde el organismo prioriza justamente esta función, al margen de que también los valores predeterminados oficiales no están medidos en base poblaciones alimentandose de ésta forma, sino en base a la gente que lleva una dieta estandar en un ritmo de vida estresante, la cual obstruye el órganísmo y lógicamente los requerimientos nutricionales serían mayores, dando por conclusión recomendaciones con parámetros más altos a los que tal vez serían los realmente saludables.  En mi caso particular, había hecho tantos análisis en toda mi transición, mostrando éstos valores tan diferentes en intervalos cortos, que ya ni a ésto tampoco le temía, dejé de creer en los valores oficiales, y no me hicieron perder la confianza en ningún momento, sin dejar tampoco de ser precavido en caso de que ya sintiéndome saludable y estable, siguiera presentando valores muy cambiantes o ya en valores muy bajos relevantes, y éste no fue el caso hasta el día de hoy, donde se mantienen muy bien.
Sea como sea, nuevamente, sigue tu intuición y lo que decidas estará bien para tu propia experiencia.


“El camino correcto solo depende de que tan convencido uno camine por ese sendero. Pues aún si ese camino te lleva a tropezar con piedras, o a un callejón sin aparente salida, eso no será “incorrecto”, pues habrás avanzado en “dirección a tu propósito”, pues habrás adquirido conocimiento (sobre todo de tí mismo) y experiencia, y ésta es la que hace posible llegar a destino, porque es de la que se forja el camino, y así hace que cada instancia del camino sea un destino en sí mismo. Cada paso es un éxito más, y cada tropezón una oportunidad más de éxtito. Y en cada paso que se avance se verá un nuevo horizonte, de modo que no tiene sentido fijar un objetivo, mas que el de avanzar, caminar, sobre la misma experiencia del auto-conocimiento y sanación, y búsqueda del equilibrio. Y uno aprende a hacer equilibrio caminando sobre la cuerda floja. Cuanto más tenso esté uno, mas floja estará la cuerda y más difícil será el caminar”.

2. El factor “TRANSICIÓN”:

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Mi transición previa tal vez merezca su mérito, pues tal vez mi organismo no hubiese reaccionado de la misma manera a la alimentación basada en frutas si hubiese pasado a ésta desde mi estado más tóxico. Mucha gente desacredita dietas (ésta incluida) y/o tratamientos, o los tilda de inefectivos, por luego de probarlos, realizar otro tipo de cambios y con éstos encontrar estabilidad, cuando en realidad no todo el mérito tal vez haya sido por éste último cambio, sino por el mismo en relación a toda la transición previa, que fue preparando (o limpiando un poco) el terreno.

Pronto estaré haciendo algún vídeo (en mi canal de youtube) donde detallaré más sobre ésto, y mi propia experiencia, por lo pronto aquí pueden leer más de mi historia, mi camino: (¿QUIEN SOY?), y además aquí dejo un link, del grupo de facebook bajo el nombre de la misma dieta: “La dieta 80 10 10 Español“, donde justamente compartimos y debatimos sobre los pros y contras de este mismo estilo de alimentación (o de vida), con el fin de ayudarnos entre todos a discernir por nuestros propios medios que tan efectivo, eficiente, sostenible, y saludable pueda ser para cada quien según su contexto de vida.

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Sea como sea, por la fe, confianza, entrega, o transición previa, si algo GRANDE puedo destacar de mi experiencia, es que, independientemente del pasado y del contexto, sólo 3 semanas de frutas bastaron para poder finalmente ver la luz, y no precisamente la del “final del túnel”, sino más bien la de un “arcoíris puente” hacia el comienzo de un nuevo estilo de vida saludable.

“Y es luego de vivenciar en colores frutales la experiencia de transitar este puente de luz, una de las indudables formas de poder ser finalmente testigos de ese horizonte tan buscado en el camino de la alimentación y bienestar verdadero. Pues este arcoíris no es más que el propio de la luz de un sol naciente de tal (re)amanecer frugívoro, que al verse reflejada en ésta nueva experiencia de nutrición y regeneración integral interna y nuestro nuevo brillo al exterior, “fruto” de la misma, nos evidencia la refracción que desde cada una de nuestras prismáticas células permite iluminarnos camino hacia una nueva dirección, con destino sin dudas a ese lugar de reposo en el equilibrio natural del ser, al que llamamos SALUD”.

– LEONARDO OTERO –

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