Leonardo Otero

BANANAS / PLÁTANOS – Sus beneficios para la transición a una alimentación más saludable o frutal.

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BANANAS / PLÁTANOS
Sus beneficios para la transición a una alimentación más saludable o frutal.

(Si has llegado hasta aquí sin haber vísto el vídeo relativo a este post, puedes darle click aquí )

Tras años de transición alimenticia y con ya unos 3 años manteniéndome en una alimentación basada en frutas, siempre en un marco de constante experimentación,  la cual incluye también la observación e intercambio de experiencias de muchas personas a través de las redes sociales que participan en foros relacionados a este tipo de alimentación basada en frutas, he llegado a notar, que las bananas suelen ser, sobre todo en los comienzos de éste camino frutal pasadas las etapas iniciales más depurativas, de las frutas que a la mayoría “mejor nos hacen sentir” o que más energía  o autonomía suelen darnos.

Y esto por lo general, suele ser adjudicado a su gran contenido calórico en carbohidratos, pero, desde mi discernimiento por mi camino hasta aquí mencionado, y desde un enfoque más abierto pero aún estando de acuerdo en que ello también forma parte de la causa, considero que esta aparente mejor energía, rendimiento, o “estabilidad”, tiene que ver también, con la particularidad de que gran parte de sus carbohidratos sean almidones, pero, no en relación específica a una más lenta absorción de azúcares que gracias a este tipo de carbohidratos complejos también se podría estar dando, sino, más en función de la relación que existe entre estos almidones y los procesos de desintoxicación que el organismo realiza,  dado que al hacer un cambio a una dieta basada en frutas, esta desintoxicación se da lugar o se potencia.

Lo que intento decir, específicamente, es que existiría una relación entre la característica amilácea de las bananas, y una mayor autonomía, o estabilidad, en función de procesos metabólicos depurativos, en los comienzos de dietas basadas en frutas cuando se come abundante cantidad.

 

Y aunque suene contrario a lo que parecería ser lo más lógico, no estoy diciendo que esto se de por ser precisamente “buenos” los almidones en sí, sino que se daría debido a que el contenido de los mismos, que la banana comercial convencional madurada con etileno (a diferencia de la madurada en árbol) suele conservar sin transformarse en azúcares simples aún en su punto más adecuado de madurez;  hace que la banana se vuelva una fruta que, por un lado, estaría demandando un esfuerzo digestivo y metabólico mayor al de las frutas más acuosas que prácticamente no demandan esfuerzo relevante por ser sus azúcares, carbohidratos simples (fructosa, glucosa), prácticamente en su totalidad; y por otro lado, la banana así sería una fruta que podría (al igual que pasa con cualquier fécula o farinaceo) estar estimulando cierta producción de mucosa, como recurso del organismo para reducir el impacto de las complejas partículas de almidón que hayan quedado en el organismo sin ser desdobladas en azúcar simple (el grado de conversión dependerá de la eficiencia enzimática que se disponga según el estado particular, la cantidad consumida, la forma, y la combinación con otros alimentos). Y lo que estaría ocurriendo así, dadas estas características, y sobre un contexto de pleno proceso de desintoxicación incrementado propio de optar por una dieta frutal, es que, parte de la energía que el organismo pondría en funciones depurativas, es desviada ahora en mayor cantidad y a causa mayormente de estos almidones, a funciones digestivas y metabólicas, reduciendo (o evitando) así, gran parte de la sintomatología relacionada a los procesos metabólicos desintoxicantes, como son, en principio: menor energía, inestabilidad, falta de autonomía, ansiedad, mucha hambre, algún temblor o nerviosismo, visión borrosa, entre otros; todo aquello que casualmente, y erróneamente se le adjudica al “exceso de azúcar” o fructosa, por no contemplar el factor “desintoxicación” en las “ecuaciones metabólicas” como sí se hace desde posturas higienistas o de médicos o profesionales abiertos más allá de sus doctrinas académicas; aunque desde mi postura personal, en los comienzos depurativos, también puede existir cierto proceso de “re-acomodo” en donde aún comiendo gran cantidad de bananas se presentará todavía (temporalmente), en los casos más agudos intoxicados, exceso de azúcar en sangre por ácidos grasos, proteínas, y/o toxinas aún circundantes en cantidades relevantes, y por lo tanto influyentes en dicha sintomatología. Pues cuando uno viene de una alimentación muy mala, o una transición alimenticia corta, o bien un estado de salud muy bajo, estos mismos síntomas pueden mantenerse, o hasta incluso incrementarse aún comiendo las bananas, pues la cantidad de toxemia a ser expulsada es mayor, y por consecuente mayor será la circundante en el torrente sanguíneo, causante de la mayoría de los síntomas, los cuales a su vez se verían más agravados aún, si el nivel de hidratación es bajo; si no se aporta cantidad suficiente de fibra (que sirve de “escoba intestinal” para eliminar toxinas fuera del organismo) y minerales y otros componentes (neutralizantes, antioxidantes, etc. y que apoyan los procesos catabólicos) de parte de vegetales; y si el contexto de vida no es el adecuado (estrés, falta de descanso o exceso, falta de exposición al sol o exceso, etc.).

Esto transforma a las bananas en grandes aliados para facilitarnos el camino de transición depurativa



Todo esto, a mi modo de entender, desde un enfoque “funcional”, me lleva a considerar a las bananas, así en sus condiciones “no paradisíacas”, como un gran aliado, no solo para nuestro estado de ánimo por la influencia de la serotonina (“hormona de la felicidad”) gracias al gran aporte también de triptófano, entre otros componentes beneficiosos de la banana; sino también para empezar una dieta frutal de forma más efectiva, permitiéndonos desintoxicarnos, y a su vez, regular la misma desintoxicación, de manera que no sea tan brusca para muchos en los comienzos, como suele ser en quienes optan por jugos u otras frutas menos densas. Por eso, los primeros tiempos muchos solemos comer toneladas y toneladas de bananas. Y ésto lejos de ser algo perjudicial, es, desde el mismo enfoque “funcional” a una desintoxicación, algo muy útil y hasta necesario para estos primeros tiempos (pueden ser semanas, meses o hasta años según cada quien, su actividad física, y su situación particular) para mantener una dieta lo más cruda posible, sin sufrir carencias nutricionales, ni tanta sintomatología de crisis depurativas (por servir no solo de “freno regulador”, sino a la vez de efecto estimulante intestinal, por la cantidad abundante ingerida, que estimula más ciertos procesos y movimientos peristálticos necesarios para la evacuación, y consecuente eliminación de toxinas).

Sintomatología que, al no interpretarse como “parte del proceso desintoxicante”, suele llevar la mayoría de las veces, como dije anteriormente, a conclusiones erróneas sobre la alimentación basada en frutas, o incluso a miedos y consecuentes efectos de éstos sobre el funcionamiento y equilibrio integral del organismo.

Nos ayudan a sustituir azúcares dañinos o alimentos menos favorables.


Y todo esto a su vez, hacen a las bananas, no solo un aliado ideal para ir sustituyendo y corrigiendo el consumo adictivo a endulzantes artificiales y perjudiciales que suelen incluir las preparaciones en donde se utilizan, sino también,  y sobre todo, para permitirnos prescindir de, o reducir, otros almidones mas densos y de fuentes que generan aún más mucosidad como son las legumbres y los cereales sobre todo (y más aún los refinados), y así poder también tener las vías emuntorias menos congestionadas para una más efectiva eliminación de toxinas fuera del organismo.

* Cuando se está muy intoxicado, muchos notarán que en lugar de tantas bananas, les irá mejor la inclusión o aumento de algunos otros almidones (papa, batata, cereales, legumbres, etc.), que estarían haciendo esta función de reducir los tiempos de desintoxicación, si así uno lo quisiera, claro, por no poder llevar bien los síntomas de las crisis depurativas, si las hubiere. Pero si además de intoxicación general presentamos problemas intestinales como candidiasis, no será recomendable comer tanto almidón, sino mas bien recurrir a incrementar más las otras opciones de regulación, como será cambiar horarios de comidas, cantidad de comidas, aumentar o cambiar el ejercicio o actividades, etc. etc.
(Pero este tema merecería un post aparte).

 

Aún así, será necesario tener en cuenta ciertos datos, tips, y características de la banana para su correcto o más efectivo consumo, pero no sin antes responder a la pregunta que seguramente, sobre todo desde una postura de nutrición oficial, hasta aquí en la lectura, muchos lógicamente podrían hacerse:

¿ Por qué esta mayor autonomía o estabilidad luego del consumo de bananas tendría que estar relacionada mayormente a una ralentización de procesos depurativos, y no simplemente a la más lenta absorción de azúcares por ser parte de ellos en la banana, carbohidratos complejos?

Mi opinión es que, si realmente la ciencia oficial está acertada en sus conclusiones respecto al metabolismo de los carbohidratos y acción enzimática interviniente, esto sería sin duda en parte un factor claramente influyente, pero, aún así desde mi entender, por supuesto sin poder afirmar verdades absolutas, pero sí por mi experiencia en mí mismo constatada de manera reproducible en otros y en ellos a su vez contrastada, me lleva a inclinarme a la primer opción, por diversos factores, entre ellos, estos siguientes:

1) Si  “x” cantidad de calorías que aporte comer cierta cantidad de bananas, nos diera por ejemplo “x” cantidad de horas de estabilidad o autonomía a causa de una lenta absorción de carbohidratos, entonces la misma cantidad “x” de calorías, provenientes ahora de otras frutas, en forma de azúcares simples, y consumidas repartidas a lo largo de la misma cantidad de horas equivalentes a la “x” cantidad de autonomía y estabilidad lograda por el consumo de bananas, debería darnos como resultado, la misma, o similar autonomía o estabilidad percibida. Es decir, se supone que lo único que cambiaría sería el tiempo de digestión, y la velocidad de absorción, pero no la cantidad de calorías que supuestamente nos darían la energía para la supuesta autonomía a partir de éstas. Por ello en el ejemplo no se estaría comiendo de parte de otras frutas la misma cantidad de calorías todas juntas (ya que los azúcares se supondrían, al ser azúcares simples, absorberse más rápidamente y así consecuentemente más rápidamente consumirse, dando por resultado una menor estabilidad, autonomía o energía disponible. Sin embargo al consumirse en forma repartida, es decir, supongamos que 100 calorías me dieran 1 hora de autonomía, entonces cada una hora consumiría 100 calorías más cada vez, hasta un total de 3 veces por ejemplo, que sumarían unas 300 calorías, en las cuales habríamos de haber experimentado unas 3hs de tiempo de autonomía, la cual se supondría equivalente a unas supuestas 300 calorías provenientes de bananas consumidas en una sola ingesta.

Aquí podríamos abrir aristas y decir “no sería lo mismo, pues comer 3 veces no sería lo mismo que comer solo una vez, y sería lógico que haya más desgaste en más ingestas”, sin embargo, no sería irracional pensar que luego de los 20 minutos que lleva la digestión de una fruta, no podamos experimentar estabilidad o autonomía los 40 minutos restantes que completarían la hora respectiva (y esto sin meter en la ecuación el desgaste energético metabólico para la digestión del almidón que es más pesado y la demanda para los procesos enzimáticos respectivos que podríamos experimentar en esas 3 horas sin ingesta de alimento, que ¿Por qué no? nos demandarían mucho más desgaste energético que el de la suma de las 3 ingestas separadas de otras frutas)

Y justamente esto sería un indicio posible de que esta supuesta más lenta absorción de azúcares, no sería el factor principal causante de la mayor autonomía y estabilidad, ya que en mi experiencia y el factor común encontrado en gente siguiendo una alimentación basada en frutas, en los comienzos, la ingesta de otras frutas que no sean bananas, por más que su ingesta esté repartida en etapas, NO frena de la misma manera que el consumir banana, la percepción de ciertos síntomas de inestabilidad (como pueden ser flojera, cansancio, visión borrosa, ansiedad, etc.), es decir, en esos 40 minutos restantes a los 20 aproximados de digestión de otras frutas, seguimos (en etapas de desintoxicación) experimentando síntomas, que con el consumo de bananas NO.

2) Y otra de las razones es que hoy en día, luego de 3 años de dieta frugívora, y sobre todo a partir de mi segundo año, ya sin síntoma alguno, empecé a experimentar mucha estabilidad, sin variaciones relevantes, independientemente de la cantidad de fruta consumida, ni el tipo de fruta, ni las veces. De hecho, luego además mi ingesta calórica bajó a la mitad, bajando apenas un poco mi actividad física, y sea tanto con bananas como con cualquier fruta, no había variaciones considerables en mi estabilidad y energía, incluso, sin consumir alimento por muchas horas, y además, sin embargo, sí logro notar cierta ligera sensación o diferencia en la digestión de la banana respecto a otras frutas. Es como si la balanza pasara para el otro lado. Sentirme mejor aún, comiendo frutas más acuosas, y en menor cantidad de calorías.

Todo esto no es ninguna verdad final, simplemente mi experiencia y opinión, para que cada uno también constate por sí mismo y saque sus propias conclusiones.

 

Dicho esto, ahora sí, vayamos a los tips para su consumo:

Bananas locales y orgánicas

Lamentablemente no en todos lados se podrá gozar de este beneficio, pues éstas suelen llegar de países más tropicales a los demás países, y para su mejor transportación, son recolectadas cuando aún están verdes y se les rocía productos químicos para su mejor conservación hasta llegar a destino. Luego incluso al llegar a destino, se les hace madurar a través de tratamientos con gas etileno. Y todo esto, afecta no solo la transformación de almidones propias de la maduración correcta, sino también a la calidad integral nutricional del mismo fruto. Por ello, preferir siempre los frutos más locales, y orgánicos posibles. La buena noticia es que realmente se nota bastante la diferencia (al menos en Buenos Aires) entre las bananas orgánicas (aún no maduradas en árbol y transportadas) a las no orgánicas.

*En realidad el banano no es un árbol, sino una megaforbia, una hierba perenne de gran tamaño.

Correcta maduración

Debido a ésta dificultad para su correcta maduración por lo detallado, debemos procurar que la banana esté lo más madura posible, de modo que la mayor cantidad de almidones posibles se desdoblen a azúcares simples (evitando malas digestiones, pesadez, mucosidad, y efectos adversos en relación al metabolismo de los carbohidratos), pero tampoco sin pasarse de maduración, ya que de ésta forma estaría fermentando y esto no es nada beneficioso tampoco (de hecho hasta te puede agarrar borrachera 😛 ). Por lo general, las claves para reconocer una banana en su punto justo son, por un lado, que presente muchas manchitas redondas marrones en su cáscara (aunque esto no es algo exacto pues justamente debido a la maduración por etileno y conservación en frigoríficos, muchos tipos de bananas terminan madurando hasta en verde por fuera); y por otro lado, sentirlas blandas al presionarlas, y notar que al extraerlas del tallo, con un movimiento hacia arriba, no se perciba fuerza alguna en el movimiento, se desprendan fácilmente.  La banana por dentro no debe estar muy amarilla sino más bien blanca.
* Algunas bananas orgánicas maduran sin notarse pintitas marrones, sino tornándose más oscuras simplemente, y algunas bananas comerciales no orgánicas hasta maduran estando aún entre amarillo y verde.

Toxinas

Sinceramente esto no es algo que yo particularmente haya podido investigar, pues tampoco me pareció demasiado relevante hacerlo (la idea es ser lo más consciente posible, más sin volverse tan extremista), pero Albert Mosseri, reconocido higienista francés con gran trayectoria, quien además también hacía mucho hincapié en la importancia de consumir las bananas bien maduras para lograr la mayor conversión de almidones en azucares simples, decía a su vez que las bananas contienen de forma natural una sustancia tóxica en la piel, que se podría encontrar en pequeñas cantidades en la superficie de la banana luego de pelada, y que esto podría ser causa de algunos de los problemas o síntomas que presentan quienes consumen bananas, y podrían estar siendo más sensibles a ésta toxina.

¿Con qué combinarlas?

Desde la visión higienista y un poco de sentido común, siempre será mejor opción para la digestión comer un alimento sólo sin acompañarlo con ningún otro. No obstante, en el caso de las frutas, éstas combinan dulces con dulces y sub-ácidas, y ácidas con éstas últimas y con las mismas ácidas (en este vídeo explico sobre la combinación de las frutas: https://www.youtube.com/watch?v=WfdiemN7foY ). De modo que la banana, que entra en la categoría de dulces, combinaría entonces con otras frutas dulces (chirimoyas, mamey, higos, dátiles, etc.) o subácidas (mangos, duraznos, etc.).  Pero, como bien dije anteriormente, para nuestra gran mayoría que no tenemos acceso a bananas maduradas en árbol, la recomendación sería consumirlas solas por su contenido en almidón no transformando en azúcares simples, o bien, con muy poca combinación con otras frutas dulces.

¿Cómo comerlas?

Una vez más, desde una lógica higienista, podríamos decir que la mejor forma de consumir un alimento, sería en las condiciones en las que nos lo presenta la naturaleza, sin la adulteración del hombre. Por lo tanto, el hábito de los licuados, jugos, o cocción, o congelamiento, no sería, desde este enfoque, lo más adecuado. Además al realizar licuados podríamos estar excediendonos en cantidades, aunque ésto en algunos casos pueda jugar a favor en los comienzos también, para ir aconstumbrandonos a más ingesta. Aún así, desde un enfoque de la Nutrición Holística Funcional, es decir,  teniendo en cuenta todo el contexto (no solo el alimenticio sino el físico, psico-emocional, y de vida general, pero además también del “ser” que somos), puede que ciertas formas de consumo, aún no siendo las más fisiológicas, puedan en relación “costo-beneficio” a corto plazo, ser mejores opciones. Un ejemplo sería, en caso de una inflamación intestinal aguda donde no se toleran bien almidones, cocinar levemente la banana que veamos que no madura del todo bien, ya que la cocción activa procesos enzimáticos que desdoblan azucares complejos en moléculas más simples, evitando así fermentaciones garantizadas en dichos estados intestinales. También como la alimentación está sumamente ligada a lo emocional, muchas veces cierta preparación que lleve a cabo procesos de cambio de temperatura o combinaciones con otros alimentos de la manera no más adecuada, podría generar, en relación costo-beneficio, y de manera funcional a tal o cual situación particular determinada, un efecto más propicio, sujeto a la propia relación con la comida, y otros factores adicionales, que ya con tiempo trataré de explicar mejor en otro artículo.

* Se recomienda también siempre empezar el día con las frutas más acuosas.

Cantidad adecuada

Dejando por ahora de lado (más abajo detallo) la transición previa recomendada a pasarse de lleno a comer tanta cantidad de fruta…

Comer gran cantidad, no solo no implicaría ningún problema (exceptuando posibles casos muy específicos de salud y teniendo en cuenta no tomar tantos licuados), ni mucho menos a corto plazo, sino que hasta sería necesario en los comienzos frutales (por todo lo detallado anteriormente respecto a una mejor autonomía, energía, ánimo, y estimulación peristáltica para eliminación de toxinas, etc.), pero, siempre y cuando estemos hablando de que están siendo consumidas en un contexto dietario  bajo en grasas y proteínas. Ya que de lo contrario, las adrenales o sistema endócrino en general sobre todo podría verse forzado y producir efectos desfavorables. Muchos son los médicos o profesionales (Dr. T.Colin Campbell, Dr. Caldwell Esselstyn, Dr. John McDougall, Dr. Neal Barnard, Dr. Michael Klaper, etc.) que recomiendan inclinar la alimentación a unos porcentajes altos en carbohidratos, bajos en grasa y proteínas, aunque la mayoría de éstos médicos incluyan otros carbohidratos además de las frutas, como cereales, legumbres, papas, batatas, etc.

Una gran guía: “La dieta 80 10 10”.


El libro “La dieta 80 10 10” (cuyas cifras justamente refieren a los porcentajes de calorías provenientes de dichos macronutrientes respectivamente), detalla muy bien la importancia de dicha recomendación, para favorecer el metabolismo de los azúcares, sin forzar todo el organismo y terminar, como suele pasar en dietas crudiveganas convencionales altas en grasas, con deficiencias o desequilibrios varios, incluidos hormonales. Aún así la dieta 80 10 10 merece ser matizada un poco. También en cuanto pueda iré volcando mi visión, testimonio, y experiencia en torno a ella, pero por lo pronto quien esté interesado en conocer más de sus pros y contras posibles, puede unirse al grupo en facebook que estoy administrando: “La dieta 80 10 10 Español“, donde compartimos mucha información, dudas, inquietudes, y experiencias relacionadas.

Ahora sí, sobre la transición…

A modo de recomendación personal, sería preferible el realizar una transición previa progresiva antes de optar por una alimentación alta en bananas o frutas (por más que no sea 100% frutal), para así,  ya con terreno ganado en desintoxicación, evitar mayores síntomas propios de crisis depurativas, y posibles congestionamientos de órganos emuntorios y efectos sintomáticos también. Algunos hasta afirman, respaldándose en ésta sintomatología, que dicho cambio brusco a una alimentación alta en frutas puede ser muy peligroso para el organismo. Más allá de que el higienismo contra afirme que ello sigue siendo sólo más de las crisis depurativas, solo que un tanto más agudas, pero que no hay peligro alguno. Desde mi visión, sea como sea, yo recomendaría transición previa para los casos más agudos sobre todo, y sobre todo los relacionados con diabetes, candidiasis, o severas disfunciones renales, sin dejar de recomendar sin embargo para estos mismos casos, una alimentación de transición con mucho crudo, orgánico, bien combinado, y baja o nula en almidones.

Para los casos de gente más joven, o quienes no presenten síntomas relevantes o patologías, puede ir más rápido en la transición, y hasta hay muchos que pasan directamente a una dieta de este tipo sin mayores complicaciones, como así también otros, gracias a previos ayunos, o “detox de jugos verdes”, encuentran más fácil el cambio.


En mi experiencia…

En mi caso, viniendo de una situación de salud bastante comprometida que incluía entre algunas afecciones también la candidiasis (mi historia), antes de pasar a una dieta 100% alta en frutas, tuve casi 3 años de transición (vale aclarar que en dicha transición tuve recesos, idas y venidas, y hasta posibles errores que de haberse evitado podrían haber reducido considerablemente mi tiempo de transición), pero es válido a la vez aclarar que recién en el cambio a ésta dieta alta en frutas fue cuando pude finalmente al fin remitir todos los problemas de salud y condiciones de desequilibrio que aún quedaban latentes en mi. (Pronto haré también un artículo o vídeo en mi canal de youtube donde cuente detalladamente mi transición y testimonio).

Conclusión…

Es por ello que, teniendo en cuenta a criterio personal, y respetando dicho contexto mencionado, como dije antes, las cantidades abundantes no serían un problema, sino que hasta necesarias para la transición, y ya habrá tiempo para ir reduciendo volumen de ingestas e ir cada vez más forzando menos el sistema digestivo, conforme cada uno se vaya sintiendo cada vez más estable con menos cantidad, camino hacia esa condición que casualmente es de los factores principales más comunes en las poblaciones más longevas: la frugalidad (salvando la diferencia de que ninguna de estas civilizaciones fueron, ni son, 100% crudas y frutales, lo que a su vez, entendiendo que la fruta es el alimento que menos esfuerzo digestivo implica, da un rango para mayor cantidad de volumen de ingesta posible, sin comprometer más dicho esfuerzo energético metabólico, manteniendo así, la misma condición de frugalidad, aún con mayor cantidad de volumen de alimentos).

Tal es el caso, en mi, que ahora no solo que como la mitad de lo que comía hace un poco más de 1 año atrás, sino que además, casualmente, siento que el cuerpo ya no me pide las bananas, pues me resultan hasta un tanto densas (tal vez por los almidones de éstas bananas comerciales justamente). Aún así, de tanto en tanto suelo hacerme algún licuado, o bien me doy algún gustito, como el que he compartido en mi página de facebook
click aquí:
HELADO DE BANANA 

Así que… disfruten el heladete… y ¡Saludetes!

– LEONARDO OTERO –


http://www.facebook.com/leo.andres.otero

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